ARTÍCULOS
6 Ago, 2026

Compliance y ODS: de la obligación legal al impacto sostenible

 

Jon Endika Escalante Pascua

Director de Sostenibilidad en ELMASA Tecnología del Agua

 

Durante muchos años, hablar de sostenibilidad en el ámbito empresarial era hablar, casi de forma automática, de medio ambiente. La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la correcta gestión de los residuos, la eficiencia energética o la protección de los recursos naturales concentraban buena parte de los esfuerzos de las organizaciones. En ese contexto, referencias como la ISO 14001 o EMAS se convirtieron en herramientas habituales para ordenar y demostrar una gestión ambiental responsable.

Los ODS como marco de referencia

La Agenda 2030 y los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible han contribuido a ordenar esta visión global. Los ODS permiten entender que los retos actuales están conectados: pobreza, salud, educación, igualdad, trabajo decente, agua, clima, consumo responsable, paz, justicia e instituciones sólidas, entre otros. Desde esta perspectiva, una organización no puede analizar su aportación a la sostenibilidad mirando únicamente un indicador o un área concreta.

La principal utilidad de los ODS para las empresas reside precisamente en esa capacidad de ampliar la mirada estratégica y facilitar la identificación de impactos relevantes. No se trata de afirmar que una organización contribuye a todos los objetivos, ni de vincular cualquier actuación a un ODS de manera forzada. Se trata de identificar, con rigor, dónde tiene la empresa capacidad real de influencia y cómo puede traducir ese compromiso en actuaciones concretas, medibles y verificables.

 

Integrando la sostenibilidad en la medición estratégica

La verdadera transformación ocurre cuando la sostenibilidad se integra formalmente en el cuadro de mando directivo. Este paso eleva la gestión ESG de una actividad paralela a una medición estratégica transversal. Los comités de dirección dejan de enfocarse únicamente en el análisis tradicional de gastos e ingresos. Ahora, se ven obligados a desgranar estos conceptos a niveles más competitivos y detallados, utilizando indicadores clave de rendimiento (KPIs) de sostenibilidad para la toma de decisiones. Por lo que la sostenibilidad toma un nuevo rol en la gestión de la gobernanza de una empresa.

El papel estratégico del compliance

En este punto es donde la gestión del compliance adquiere una especial relevancia.

Tradicionalmente, el compliance se ha entendido como cumplimiento normativo, es decir, como la identificación de obligaciones legales y la implantación de controles para evitar incumplimientos, sanciones o responsabilidades. Esta función sigue siendo esencial, pero limitarla a una visión defensiva sería quedarse corto.

El compliance bien entendido es también una herramienta de gestión. Ayuda a definir responsabilidades, establecer controles, documentar evidencias, prevenir conductas irregulares y reforzar una cultura de integridad. En la práctica, aporta algo que muchas estrategias de sostenibilidad necesitan: pasar del compromiso a la ejecución.

No basta con disponer de políticas corporativas, códigos éticos o declaraciones públicas. Todo ello tiene valor si va acompañado de mecanismos que aseguren su aplicación real. El compliance permite convertir los principios en procedimientos, los compromisos en controles y las expectativas de los grupos de interés en evidencias objetivas.

Compliance y ODS: ejemplos prácticos

Un ejemplo claro es el canal interno de información o canal de denuncias. Su implantación no debe verse únicamente como una obligación normativa. Bien diseñado, permite detectar de forma temprana conductas irregulares, proteger a las personas informantes, mejorar la transparencia interna y reforzar la confianza en la organización. Esta actuación se relaciona directamente con el ODS 16, al promover instituciones y organizaciones más íntegras, responsables y capaces de rendir cuentas.

Otro ejemplo se encuentra en los programas de prevención del acoso laboral y sexual. Estos sistemas no sólo reducen riesgos legales. También contribuyen a crear entornos de trabajo seguros, respetuosos e inclusivos. Desde esta perspectiva, conectan con el ODS 5, vinculado a la igualdad de género, con el ODS 8, relativo al trabajo decente, y con el ODS 10, orientado a la reducción de desigualdades.

El valor estratégico del compliance está en ayudar a que los compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible se conviertan en actuaciones reales, medibles y sostenidas en el tiempo

La contratación y homologación de proveedores ofrece igualmente un campo muy relevante. La incorporación de cláusulas éticas, criterios de integridad, requisitos ambientales, compromisos en materia de derechos humanos o exigencias de cumplimiento normativo permite extender la cultura de sostenibilidad a la cadena de valor. En este caso, la conexión con el ODS 12, el ODS 8 y el ODS 17 resulta especialmente evidente.

En sectores industriales, energéticos o vinculados al tratamiento del agua, el compliance también se refleja en controles muy concretos: seguimiento de autorizaciones ambientales, gestión adecuada de residuos, almacenamiento seguro de productos químicos, control de emisiones, cumplimiento de requisitos de prevención de riesgos laborales o trazabilidad documental. Estas actuaciones pueden contribuir al ODS 6, al ODS 12 y al ODS 13, siempre que se gestionen con método y se integren en el sistema de gobierno de la organización.

De la declaración al impacto

La principal aportación del compliance a la sostenibilidad es la generación de confianza. Confianza interna, porque las personas conocen las reglas, los canales y las responsabilidades. Confianza externa, porque clientes, administraciones, proveedores y otros grupos de interés pueden comprobar que la organización actúa con criterios coherentes. Y confianza institucional, porque la empresa demuestra que sus compromisos no dependen sólo de la voluntad, sino de un sistema de gestión que los sostiene.

Por ello, compliance y sostenibilidad no deben entenderse como ámbitos separados. La sostenibilidad define hacia dónde quiere avanzar la organización y qué impacto desea generar. El compliance aporta el método para asegurar que ese avance se realiza de forma ordenada, transparente y verificable.

En definitiva, el verdadero valor del compliance no reside únicamente en prevenir sanciones, aunque esa función sea imprescindible. Su valor estratégico está en ayudar a que los compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible se conviertan en actuaciones reales, medibles y sostenidas en el tiempo. Sólo así la sostenibilidad deja de ser un discurso y se transforma en una forma responsable de gestionar la organización.

ODS Empresas Canarias
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.