
Alejandro García Rioja
Técnico de consultoría ECOS Group
El mundo actual se está transformando a un ritmo vertiginoso con cada desarrollo y nueva tecnología implantada en el mercado. Dentro de este contexto, una de las palabras más escuchadas es la ‘I+D+i’. Pero, ¿qué es realmente innovar? Innovar es aceptar los retos que se plantean en la actualidad, abrazarlos e integrarlos en nuestro día a día. Es adaptarse a un cambio que viene orquestado por las dinámicas del mundo moderno. En Canarias, donde las pymes representan la base de la economía y el motor del empleo conformando el 99%[i] de las empresas, esta adaptación no es una opción, sino una necesidad para seguir siendo competitivos en un entorno que evoluciona diariamente.
Hablar de adaptación a los retos actuales implica hablar de innovación y, sin embargo, la palabra innovación suele estar cargada de mitos. Cuando se menciona, inconscientemente se acostumbra a pensar en proyectos millonarios, en ideas revolucionarias o en tecnologías de última generación nacidas en laboratorios o en Silicon Valley. Sin embargo, la verdadera innovación ocurre mucho más cerca de lo que se cree, en las decisiones diarias que transforman la manera de trabajar. Es atreverse a transformar pequeños procesos internos, rediseñar productos y servicios buscando la eficiencia, repensar espacios de trabajo con pequeños pasos prácticos y alcanzables. Innovar, en esencia, es aplicar el cambio en lo cotidiano.
Teniendo presente esta idea, surgen muchas posibilidades en las que se puede innovar. Un primer ejemplo claro se encuentra en la gestión de procesos. Tradicionalmente, la mayoría de las pymes canarias funcionaron con trámites en papel, registros manuales o sistemas sin ningún tipo de integración dentro de los procesos propios de la empresa. Digitalizar estos procesos es innovar, y esa digitalización, desde la facturación hasta la gestión documental, supone mucho más que modernizarse: significa ganar trazabilidad, reducir errores y anticiparse a posibles desviaciones y, lo más importante, liberar tiempo para tareas de mayor valor. No se trata de rediseñar toda la estructura interna de la empresa, sino de saber hacia dónde se quiere ir y empezar por lo sencillo, con pequeños pasos prácticos que permitan avanzar hacia un objetivo claro y alcanzable. Al digitalizar la facturación, por ejemplo, se generan ahorros evidentes: menor consumo de papel, reducción del espacio de almacenamiento y agilidad en la búsqueda de información, lo que contribuye enormemente a la eficiencia de la empresa.

La innovación práctica está presente en el día a día, en esos pasos pequeños pero consistentes (digitalizar procesos, adaptar oficinas, rediseñar productos) mientras se mantiene la mirada en el largo plazo para construir un futuro más sólido y sostenible.
Otro campo clave, además con mucha presencia en Canarias, es la innovación en los productos y servicios. Para muchas pymes, adaptarse significa abrir la puerta a pequeñas transformaciones que les permitan responder mejor en un mercado cada vez más complejo, donde se valoran otros aspectos más allá de los clásicos como la relación calidad-precio. En sectores como el turismo o la alimentación, los clientes también exigen particularidades que hasta ahora eran secundarias, como el compromiso ambiental o social.
Una empresa que innova en este sentido se diferencia no solo por el ahorro en costes y en horas dedicadas, sino porque ofrece productos con menor huella ecológica, soluciones concretas a nuevos problemas o servicios más eficientes que buscan proteger los recursos de nuestra tierra. Esto envía un mensaje claro: “somos parte de la solución, no del problema”, que puede traducirse en ventajas competitivas muy concretas como el desarrollo de marca, acceso a licitaciones y otras fuentes de financiación o mayor facilidad para atraer clientes o talento joven. Esta visión dota a las pymes de una resiliencia que les permite adaptarse mejor a un territorio como Canarias, donde los recursos y el espacio son escasos y cada vez más valiosos.
Pero innovar nunca es un camino fácil. A nivel de organización, implica asumir riesgos y costes, lanzarse a lo desconocido, equivocarse múltiples veces hasta conseguir el resultado final. Y la pregunta aquí no debe ser si un proyecto concreto saldrá adelante o si tendrá éxito, sino si compensará el esfuerzo. Porque generar un cambio requiere un esfuerzo en múltiples niveles, tanto técnicos como organizativos.
La incertidumbre generada por estos procesos de mejora tiene un impacto muy claro dentro de la empresa. Los equipos están habituados a trabajar de una determinada manera y suelen considerar que los cambios son negativos porque comparan lo que ya conocen con la inseguridad de algo nuevo, con un fuerte rechazo inicial ante cualquier propuesta. Y aquí aparece el verdadero reto de la innovación: las personas. Porque el verdadero avance, aunque pueda parecer que está en la tecnología o en los medios, reside en las personas.
El éxito de un proyecto de innovación práctica se mide en la capacidad de integrar a las personas en esas transformaciones, de motivarlas, de hacerles ver los beneficios y, en definitiva, de conseguir que lo abracen y lo adopten como propio, hasta convertirse ellas mismas en promotoras del cambio dentro de la empresa. La figura que potencia la innovación dentro de la organización debe tener la disposición y la convicción para convencer a otros. Porque, en este sentido, innovar es una cuestión casi íntegramente cultural.
Además, no hay que olvidar que el ecosistema canario tiene varias particularidades al tratarse de un territorio insular con recursos limitados y una fuerte dependencia del turismo. Con un mercado cada vez más globalizado, adaptarse en este contexto requiere eficiencia, ingenio y pragmatismo. La ventaja es que las islas cuentan con un músculo innovador real: un ecosistema con universidades y centros de investigación, un entorno fiscal muy favorable y, lo más importante, talento local, joven, con una capacidad desmesurada de tomar las riendas y guiar Canarias hacia el futuro que se está proyectando.
En definitiva, la innovación no debe verse como algo lejano o inalcanzable. La innovación práctica está presente en el día a día, en esos pasos pequeños pero consistentes (digitalizar procesos, adaptar oficinas, rediseñar productos) mientras se mantiene la mirada en el largo plazo para construir un futuro más sólido y sostenible. El reto de la pyme canaria no está en esperar a que otros marquen el rumbo a seguir, sino en entender que la innovación práctica es parte de su propia estrategia de supervivencia, y en ella está la herramienta que le permita afrontar el futuro con confianza. Porque el futuro de Canarias lo escriben sus pequeñas y medianas empresas, y cada paso que den hoy hacia la innovación práctica es, en realidad, un paso hacia un mañana más sostenible.
[i] (Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa (DGIPYME), datos a 1 de enero de 2023)
