
Técnica Agropecuaria y de Salud Ambiental.
En los últimos años el mundo rural ha dejado de pasar desapercibido. Se ha producido un renovado interés por un territorio y un modelo de vida que, si bien siempre han estado presentes, habían permanecido en un segundo plano en medio de la vorágine del desarrollo económico asociado a medios urbanos.
Durante la pandemia de COVID-19, la búsqueda de espacios abiertos y la necesidad de evitar aglomeraciones nos hicieron dirigir la mirada hacia la vida pausada de los pueblos. En este contexto, además, se produjo un cambio en los hábitos de consumo, y se propició la activación de redes alternativas de comunicación y comercialización que permitieron a los productores locales establecer conexiones más directas con los consumidores, favoreciendo el reconocimiento del producto local.

Otro factor relevante ha sido el desarrollo del sector gastronómico, especialmente en el ámbito de la alta cocina, donde adquieren protagonismo los relatos vinculados al producto y al territorio.
A estos elementos podemos sumar la diversificación en el ocio y el turismo. Aunque Canarias continúa siendo un destino consolidado de sol y playa, se observa una tendencia creciente hacia la búsqueda de experiencias alternativas: crece el interés por explorar entornos rurales, conocer la cultura local y disfrutar de la gastronomía vinculada al paisaje que se visita. Asimismo, en el ámbito del ocio y la cultura, es cada vez más común que se incorporen propuestas gastronómicas como catas, talleres o demostraciones culinarias.
En el emprendimiento rural caben muchos más perfiles profesionales. Así, las personas jóvenes pueden encontrar oportunidades de empleo combinando tradición y creatividad, incorporando además innovación y conocimiento académico.
En definitiva, se observa un resurgimiento de las zonas rurales como parte de la oferta económica de Canarias. Sin embargo, cabe preguntarse cómo se traduce esta tendencia en la economía local: ¿es realmente viable el emprendimiento rural?, ¿qué implica, en términos operativos y conceptuales, “ser rural”?
Si nos planteamos iniciar un proyecto en un entorno rural, de forma inmediata lo asociamos con la producción primaria. No obstante, el sector primario en España, y particularmente en Canarias, presenta importantes limitaciones estructurales. Entre ellas, destaca el desafío de la falta de relevo generacional, considerado uno de los principales factores de riesgo para su sostenibilidad a medio y largo plazo. A ello se suma una percepción generalizada de baja rentabilidad y una carga administrativa significativa, que en muchos casos dificulta el acceso y la permanencia en la actividad. También la localización en áreas alejadas de los principales núcleos urbanos plantea retos adicionales en relación con la comercialización y el acceso a mercados.
Para que estos proyectos sean viables, resulta, por tanto, necesario generar tejido social y económico en el territorio. Este enfoque, alineado con los principios de producción y consumo responsables, añade complejidad al modelo de desarrollo rural, abriendo un abanico mucho más amplio de oportunidades para el emprendimiento.
Entonces, ¿lo rural puede entenderse más allá del sector primario? Desde la perspectiva de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, esta pregunta invita a ampliar el enfoque hacia modelos más integrados, en los que la diversificación económica, la sostenibilidad ambiental y la cohesión territorial se convierten en elementos centrales del emprendimiento rural.
Desde la perspectiva del ODS 8, el impulso del emprendimiento rural no solo responde a criterios de crecimiento económico, sino que también contribuye a la inclusión social y a la generación de empleo digno. La promoción de iniciativas que integren innovación, colaboración comunitaria y sostenibilidad económica permitirá transformar el medio rural en un espacio atractivo para los jóvenes, fortaleciendo la resiliencia del territorio y asegurando la continuidad de su actividad productiva.
El ODS 11 amplía la mirada hacia la planificación territorial y la mejora de la calidad de vida en áreas rurales. Favorecer un desarrollo equilibrado entre entornos urbanos y rurales contribuye a la fijación de población, al fortalecimiento de servicios locales y a la creación de entornos más cohesionados.

Se subraya la importancia de optimizar los recursos naturales y minimizar impactos ambientales en la actividad productiva. Promover circuitos de comercialización cortos, prácticas agrícolas eficientes y modelos de consumo consciente permite generar valor económico sin comprometer la sostenibilidad del territorio.

Toda actividad en el medio rural debe proteger la biodiversidad, gestionar de manera sostenible los suelos y los recursos hídricos, y conservar los paisajes rurales. Se promueve que el desarrollo económico del medio rural no se produzca a costa del capital natural, que, por otro lado, es uno de los principales pilares del atractivo de Canarias.
En conjunto, estos objetivos revelan que en el emprendimiento rural caben muchos más perfiles profesionales, además de los propios del sector primario. Así, las personas jóvenes pueden encontrar oportunidades de empleo combinando tradición y creatividad, incorporando además innovación y conocimiento académico. Se moderniza el sector, y al mismo tiempo, se incentiva la permanencia de otros tipos de profesionales vitales para la mejora de la calidad de vida y el tejido social de las comunidades rurales.
En este sentido, el sector vitivinícola y de enoturismo en Canarias ofrece un ejemplo paradigmático de cómo el emprendimiento rural puede articularse en torno a los ODS:
- La actividad vitivinícola no solo mantiene la producción primaria, sino que la complementa con experiencias turísticas y culturales, generando valor añadido y diversificación económica en entornos rurales. (ODS 8).
- La creación de rutas enoturísticas refuerza la conectividad entre pueblos y promueve el reconocimiento social de los oficios rurales. (ODS11).
- Crecen las bodegas que aplican las buenas prácticas ambientales, optimizando el uso de recursos hídricos y energéticos, incorporando ganado o empleando técnicas de viticultura regenerativa, que junto con las técnicas tradicionales contribuyen a un enriquecimiento del agrosistema. (ODS 12).
- La viticultura en paisajes singulares, como el Paisaje Protegido de La Geria, en Lanzarote, o bien aquella basada en la cultura local, como el cultivo en cordón trenzado de Tenerife, aportan valor añadido a la experiencia territorial. (ODS 15).
El sector vitivinícola y el enoturismo canario se convierten, por tanto, en un espejo estratégico, que permite visualizar cómo los ODS pueden guiar la transformación de otros proyectos rurales hacia un desarrollo más equilibrado, sostenible y atractivo para las nuevas generaciones, y que nos acerca un ejemplo del potencial de Canarias como laboratorio de innovación sostenible, donde lo rural no solo se visita, sino que auténticamente se vive.
